martes, febrero 9 1 comentarios
















Selena...

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Esta foto se la quiero dedicar con mucho cariño y mucho respeto a mi amigo Luis Sigfrido que quizá nos esté viendo por ser tan, pero tan buen compañero en el dominó.


Un DVD que fenece

lunes, febrero 8 6 comentarios

Con los aparatos elctrónicos actuales no hay forma de salvarlos. En este espacio se dijo algo al respecto: nada se hace para que dure, permanezca. Pos eso pasó.


Yo estaba bien contento viendo los últimos capítulos de Gilmore girls, cuando Luke parece que hace click otra vez con Lorelai luego de que ésta se acelera y se casa con el papá de su hija... pues en esas andaba cuando mi video simplemente optó por informarme que el disco era "incorrecto". Mis ojos parpadearon incrédulos. Limpié el plástico y nada. Puse uno original y nada. Soplé y soplé en la ranura que da acceso al disco y nada... hasta ahí llegaron mis conocimientos. Sólo dije "esto ya valió madres" y sí: no parece habaer cambios.

¿Hay algo que se pueda hacer antes de ir a comprar otro DVD o como se llamen esas cosas? Por ahora, me quedé en ascuas con la serie.

Raus

Juegazo

domingo, febrero 7 Etiquetas: 0 comentarios



Nótese que Sócrates aparece en fuera de lugar.

Veo ranas

viernes, febrero 5 Etiquetas: 2 comentarios


Hay una rana en el amazonas que se llama "Phyllobates terribilis". Dicen que secreta un veneno sobre su piel, tan poderoso, que basta tocarla para comenzar a morir. A proposito de comenzar a morir, a propósito de la pelicula sobre Mandela y del poema que toma su título, quiero dejar áquí rápidamente tres poemas que yo considero son como esas ranas fulminantes, pero de efecto inverso. Poemas breves y magníficos, que a veces, ayudan a comenzar a vivir. Yo, además, ultimamente veo ranas por todas partes.





Invictus
Más allá de la noche que me cubre negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existirpor mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimasdonde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los añosme encuentra, y me econtrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino: soy el capitán de mi alma.

William Ernest Henley



Yo no me someto.
Dentro y fuera de mi casa me pongo el sombrero como de da la gana.

¿Por qué he de rezar?
¿Por qué he de inclinarme y suplicar?
Después de escudriñar en los estratos,
después de consultar a los sabios, de analizar y precisar
y de calcular atentamente,
he visto que lo mejor de mi ser está agarrado de mis huesos. Soy fuerte y sano.
Por mi fluyen sin cesar todas las cosas del universo.


Walth Whitman



Habremos perdido hasta la memoria de nuestro encuentro… y sin embargo nos reuniremos, para separarnos y reunirnos de nuevo, allí donde se reúnen los hombres muertos: en los labios de los vivos

Samuel Butler


Una baja en el nivel

martes, febrero 2 7 comentarios

El viernes pasado, en la sesión ordinaria de La Enramada (el Chino pregunta por varios de los integrantes de ese club, ausentes consuetudinarios) jugué dominó. Creo fuí objeto de críticas feroces por mi consagrada presunción de ser un excelente jugador y el pobre desempeño que mostré ese día. ¿Pobre? No. INFAME.


Todas las víctimas de mi forma de juego pueden dar fe de mi aciciosidad a la hora de hacerlos polvo, pero de verdad el viernes no le hubiera ganado ni a la linda Julia, le hija de Netza.

Pero eso cambiará. ya lo verán.

Cardenche

martes, enero 26 Etiquetas: 0 comentarios

Cardenche, es el nombre de un arbusto en el desierto duranguense. Cuando una espina se te clava, para sacarla tendrás que desgarrarte la piel. Cardenche también se llama este canto.

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Bitácora de un bio-rracho

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No sé (y nunca lo haré) que me apasiona más, si el alcohol o los pájaros. La cruda nos llevó (no, nos arrastró) al lago de Cuitzeo, donde nadie, nunca, ni las guías de ornitología, ni los cronistas, ni los amigos, ni los trípticos de turismo del Gobierno del Estado mencionaron que hubiera pelícanos borregones. Y los hay. En parvadas como listones, impresionantes como lo que más.

Desde mi experiencia, recomiendo dos remedios para la cruda implacable: la alquimia del menudo y las parvadas indiferentes y majestuosas de pájaros irreductibles como estos, que vuelan como burlándose.

Pepenando poesía

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Recopilación más o menos apresurada (cómo atrapando lluvia) de frases bien dichas y bien cantadas por un sujeto llamado Lichis y apodado "La Cabra Mécanica". Rolo el disco a quien quiera.

"Cada vez me importa menos donde meto la nariz,
siempre amanezco al lado de un cadaver.
Y entre flores muertas y martelos,
te hecho de menos,
sincero, como Penélope en la estación"

"Cada vez que me dolía,
te sacaba en una letra
que se muera la poesía
si es a costa del poeta"

"Y cuando vuelva el amor...
que de tantas veces que se ha ido
regresa cada vez más delgado"

"Mis labios están sucios y oxidados como un micrófono"

"Me gusta ser una zorra
y prefiero joder con ejecutivos
que te dan la pasta
con todo y olvido"

"Mi paisaje interior...
contaminado.
Mi cabeza
llena de pájaros enjaulados"

"Por si te acuerdas de mí
te he apuntado en una barra de hielo
mi dirección y mis mejores deseos: que te follen"

"Tengo una canción que es un arma en manos de un niño"

"Si pal demonio mi alma, pues para ti mi corazón"

"El olvido es una calle cortada por los restos del derrumbe"

Rufina y Yo

miércoles, enero 20 Etiquetas: 2 comentarios

Ya son cinco años juntas, todo empezó recién contraje nupcias, atendiendo a que mi hogar marital era pequeño, los muebles eran nuevos y la soledad que caracterizó desde su inicio en aquel entonces mi nuevo estado civil, me hicieron sentir la necesidad de tener una mascota, por lo tanto RUFINA llegó a mi vida¡¡¡¡¡. Una tortuga china o japonesa según dicen los dueños de los acuarios, quien hasta el día de hoy ha sido mi fiel compañera, esa amiga que nunca ha cuestionado mi actuar, esa amiga que nunca lo dice pero se que también me quiere.

En la loca transición que a últimas fechas ha caracterizado mi vida, que no se por dónde va, me he dado cuenta que Rufina crece cada día más, su tamaño se ha multiplicado tantas veces que ya no cabe en la palma de mi mano, es por eso que con todo el dolor de mi corazón necesito darle a Rufina una mejor calidad de vida, es por eso que amigos canes, quienes todo lo saben, solicítoles su ayuda para encontrar un lugar en el que ella pueda ser feliz (aunque creo que yo la hago feliz je...).

Entonces queridos, acepto sugerencias, aunque sería mucho mejor si alguien de Ustedes me puede orientar acerca de como adaptar un hábitat en mi ahora nueva casa a la que pronto les invitarè y así Rufina y Yo podremos seguir transitando felices este lindo mundo.

Con cariño,

Paulina

Reivindicación del tope

domingo, enero 17 Etiquetas: 0 comentarios


Hace muchos años un amigo italiano se quejaba conmigo de que en México había muchísimos topes y de que algunos, eran gigantescos. Le pregunté cómo eran en su país. “En Italia no hay topes” contestó. Silencio. “¿Cómo que no hay topes?” “No, no los hay, no hacen falta”. Me lo dijo sin soberbia, simplemente explicando cómo era que en el primer mundo había una respuesta a lo que aquí parecía un crucigrama imposible. Como hablando de cervezas o gusanos. Su tono no era de hartazgo con los topes mexicanos sino de fascinación. Fascinación común en los europeos que llegaban de mochileros a mi casa. Fascinación, según yo, por estrellarse con una prueba física del absurdo que tanto se promete a los turistas en la lectura del realismo mágico y los malabares de nuestros pueblos.

Por mi parte, lo que dijo me impactó mucho. Me llegó de charolazo Europa con la revelación de que había un mundo más allá de mi horrible Unidad Habitacional donde otras lógicas de convivencia rifaban. Había un lugar allende el mar en el que no eran necesarias medidas dramáticas para poder estar juntos. ¿De qué más sería capaz su habilidad para urbanizarse? Eso me intrigaba, me mataba de curiosidad, y cuando por fin crucé el charco, entre Gaudís, museos y polonesas me ponía a buscar topes. Mi primer descubrimiento importante en el viejo mundo fue, para mi sorpresa, que mi amigo no tenía razón: ¡claro que había topes!, pocos, pero los había, sólo que (supuse) eran tan imperceptibles para ellos como todo lo demás. Luego encontré más pruebas de esas reglas no escritas de su cotidianidad, igual de asombrosas, que configuraban una aburrida y admirable armonía con los otros: estadios sin necesidad de reja al lado de la cancha, bicicletas sin candados en plena calle, vitrinitas en las que uno toma el periódico y deja sus monedas, escaleras eléctricas divididas en dos zonas, izquierda para los estáticos, derecha para los que llevaban prisa, casetas de cuota sin personal, acceso al metro sin necesidad de mostrar tu boleto. Procedimientos basados en una confianza sospechosa, extravagancias para un ciudadano como yo, o como cualquiera (por muy “viajado” que sea), que viniera de un lugar tan parchado como nuestras ciudades latinoamericanas. Cada que descubría una cosa así me sonreía, igual que mis cuates europeos cuando en México, azorados, se sorprendían atrapados en esa abstracción nuestra del "ahorita". Igual. Y lo otro que descubrí fue que mi ansiedad crecía ante tanta civilidad. Me moría de frío. Quería de vuelta mi Unidad Habitacional, mi caos y el tiempo sincopado de sus calles llenas de estorbos. Podía soportarlos, cada quien. Lo que sí digo es que este punto del planeta, de donde somos, de coordenadas ensangrentadas, con sus Márquez, sus Fideles y sus Fox, sus paisajes de tabicón gris, sus guerrillas y obscenas desigualdades, su narco y su Chespirito, tiene en los autorretratos de su espíritu y de su idiosincrasia topes sembrados por doquier. Topes como muestras del absurdo en que sobrevivimos, como recordatorios de nuestra incapacidad de transitar conscientes de nosotros mismos y los otros a nuestro lado. Sus miles de formas son el reflejo de nuestra imaginación postrada: topes de palmeras, tres topes en una calle de cincuenta metros, topes para detenerse frente a la Virgen, topes seguidos, medios topes, topes en estacionamientos, topes en ciclopistas, topes como hoyos y topes como bardas. No faltarán las interpretaciones psicológicas, históricas y sociológicas al respecto. Yo de lo que estoy seguro es que en cada calle, en cada terracería de este país, construiremos tantos topes como sean necesarios en compensación a nuestras carencias colectivas. Finalmente, los topes nunca han sido un obstáculo para lo que verdaderamente importa en esta vida: ser felices. Y si no me creen, ahí están las encuestas.

Seguido me pasa que al escuchar el golpe de mi cochecito japonés con uno de estos obstáculos monumentales, me acuerdo de mi amigo italiano, siento lástima por todos nosotros y una rara alegría de estar en casa.

Para mayores de 40

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Debe ser la forma en cómo aprendí a vivir, pero eso que le pasa a Galeano (o a quien quiera que sea el autor del texto que subo al blogdy, no propongo entrar en debate si la autoría es verdadera o no), me pasa también a mí. Aunque no sea mayor de cuarenta. De hecho, entiendo que el autor hace una referencia en años, pero que esa cantidad de años no aplica por igual en todas las partes de planeta. Quizá no con la misma vehemencia (aunque no lo sé), pero yo creo que aún hoy, 40 años después, hay hombres y mujeres que aún conservan ese afán de reciclarlo todo. Los hay quienes lo hacen porque adquirir cualquier objeto o alimento, sigue siendo parte del instinto de sobrevivencia, y los hay quienes entienden que la economía debería funcionar de otra manera, en la micro y en la macroesfera.

De hecho me puso a pensar sobre varias cosas, dos principalmente, la primera sobre el tema de esa tesis que no termino de arrancar. Tiene que ver con el desarrollo sostenible. ¿En qué podemos contribuir todos, en la micro y la gran escalas, para que los recursos (renovables y no renovables) del planeta pervivan, y por tanto, perviva la especie humana? Y también me puso a pensar en una casa que tenemos en La Unión, me atrevo a decir que es nuestra porque así siento esa tierra: mía. Pensé que tenemos que rehabilitarla, pero no construir ahí otra cosa, sino permitirle conservar su estilo, su distribución, su enredadera de estropajo, sus vigas, sus paredes. Hacerla habitable. A veces pienso que quisiera vivir ahí por un tiempo, alejarme de las grandes ciudades, caóticas, consumistas, contaminadas, porque tengo esta sensación que eso se contagia fácilmente.

Ojalá les gusté el texto, me llegó por la red.



Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

No. Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida.

Es más. Se compraban para la vida de los que venían después.

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.

Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

Nos están fastidiando. Yo los descubrí. Lo hacen adrede. Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. Todo lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Sí, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa, todo lo guardábamos. Guardábamos las tapas de los refrescos ¿Cómo para qué? Todo guardábamos.

Cosas que nunca usaríamos: botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil.


Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡Los diarios! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne.

Y guardábamos las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ni a Walt Disney.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. No lo voy a hacer. Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamur.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.

...

sábado, enero 16 Etiquetas: 0 comentarios

Esta historia me la contó el Delirio Reynoso.

FELICIDAD

miércoles, enero 6 Etiquetas: 0 comentarios

Deseo que peleemos con toda nuestra fuerza y nuestra inteligencia para lograr el mayor número de momentos de felicidad posibles. Que lo que ya pasó, no pueda nunca con nosotros. Estamos presumiblemente vivos y nada más importa, ni siquiera el año nuevo.

Los abrazo.

Prepóstumo

lunes, diciembre 28 Etiquetas: 0 comentarios



Vendrán lluvias suaves y olores de la tierra,
y golondrinas que girarán con brillante sonido;
y ranas que cantarán de noche en los estanques
y ciruelos de tembloroso blanco,
y petirrojos que vestirán plumas de fuego
y silbarán en los alambres de las cercas;
y nadie sabrá nada de la guerra,
a nadie le interesará que haya terminado.
A nadie le importará, ni a los pájaros ni a los árboles,
si la humanidad se destruye totalmente;
y la misma primavera, al despertarse al alba
apenas sabrá que hemos desaparecido.


Ray Bradbury.

DISCULPA PÚBLICA

jueves, diciembre 24 Etiquetas: 2 comentarios

La historia es mas o menos así: Una mesa en Las Rosas donde se hablaba de juegos de la infancia. Yo estaba en otra cosa, escuchaba de "reojo" hasta que Luis me llamó y dijo las siguientes palabras:

¿Verdad güey que había un juego Mi Alegría de esas mamadas de química que traía una rana de a deveras?

A continuación risas sonadas en toda la mesa. Yo no tenía ni idea, pero para sumarme a la mayoría le dije: "no mames". Y cuando escuché a Sandra (creo que era Sandra) decir "¿ves?" agregué para lucirme y rematarlo: "los juegos de ciencia ficción los jugabas con tu amigo imaginario", pero eso, por mi vocecita, creo que ya nadie lo escuchó.

Pasaron los días y las noches y ese pasaje se ha agregado al anecdotario de "Las cosas que dice Luis", como aquella gloriosa de "¿No te ha pasado güey que tienes comezón, te rascas... y no es ahí?" o "Ya sé porque siempre la cago... porque tengo mierda en el cerebro". Ambas muy hermosas. En fin, para mí, la historia de la rana, tenía una tesitura diferente pues pasado el hecho, Luis cuando se agigantaba con unas cubas, volvía al tema y además gritando (yo diría con cierta desesperación). Ayer, Ángela se encontró lo siguiente en la juguetería en la que estábamos y corrió a decirme "ven, tienes que ver esto". Como haber visto el fantasma que decian pasaba por la ventana.



Feliz Navidad mi Luis.

Bien dicen: Eres un buen hombre.


Si es un buen hombre y con buena memoria, te acuerdas Luis que además venía un camarón, ja, lo más divertido era el olor de la rana en formol cuando la abrías. En fin creo que Rafa dió sus primeros pasos a la medicina con dicho kit.
Tania

...

viernes, diciembre 18 Etiquetas: 0 comentarios




que nadie muera sin relámpagos.

CAMBIO DE SEDE

martes, diciembre 15 Etiquetas: 7 comentarios

La sede del viernes se cambia a mi casa. Habrá birria. Traigan chelas y confirmen que vienen para ver cuantas tortillas mando a Yeyo a comprar.

Ángela

Flores Negras

lunes, diciembre 14 Etiquetas: 3 comentarios

Cuando cantábamos el viernes esta canción, no recuerdo pensar otra cosa que: ¡puta, como me gusta esta rola! Me refiero y rindo homenaje al estado de omnubilación divina que bendito sea dios alcanzo con un bolero así y unos rones. Diría Burroughs: cada quien su droga.

Aquí les dejo esta versión de Eydie Gorme y digo de paso que juntemos llaves para levantarle una estatua, aunque sea chiquita, a esa mujer, una especie de Gloria Estefan de los cincuenta.



pero con todo y lo hermosa que me parece la anterior interpretación, yo me quedo con esta de Óscar Chavez de largas notas crepusculares y para mí, irremediablemente entrañables.



acontecido lo anterior, no quiero desaprovechar la oportunidad para dedicar a los hoy tan tristes cruzazulinos esos versos de:

...flores negras del destino
nos apartan, sin piedad,
pero el día,
vendrá,
en que seas
para mí nomás
nomás...

Yeyo

Omar Lorenzo Devani

jueves, diciembre 10 Etiquetas: 3 comentarios



Por inercia, nos ensartamos en uno de esos temas que eternizan discusiones. Al rato hablaremos de dios y de ovnis. Consecuentemente, tengo cosas que decir. Lo que yo publiqué al principio no dice por ningún lado que el Morelia (“Monarcas” se me hace tan ñoño) haya perdido a causa de la mano de Huiqui, sólo hilé con lo que días antes Angie había dicho sobre la mano de Henry. ¿Por qué perdió el Morelia? Pus quien sabe, las derrotas de cualquier índole siempre serán un misterio que ya no se descifró. Como dicen aquí, lo más probable es que haya sido por malo, o no, corrijo, porque no me parece un mal equipo, más bien porque el Cruz Azul fue mejor y las que tuvo las metió. Punto. No creo en los “robos en despoblado” ni en los “partidos arreglados” pues con tanta gente involucrada (por lo menos 40) cualquier truco me parece insostenible (ya estoy viendo al Mau y su infinita sabiduría demostrándome con datos duros que lo que acabo de escribir no tiene fundamento). Pero mientras, aclaro otra cosa que nunca dije: aquello de que la tecnología contribuiría a la justicia en el futbol. Nunca hice hincapié en ello, sin embargo, ahora que lo mencionan y lo pienso, estoy de acuerdo con Raúl: creo que la tecnología contribuiría a la justicia en el futbol, como —agrego yo— a la justicia en cualquier actividad humana. Creo que ninguno de nosotros puede negar esto. La pregunta es otra: ¿nos interesa que eso suceda? En lo personal tengo otras prioridades, pero sí, como no, me encantaría. En las oficinas de gobierno, en la repartición de la riqueza, en el salón de clases donde algunos niños abusan de otros, en las filas del banco y de las tortillas, en todo ámbito me gustaría inocentemente que existiera la justicia. No veo por qué, (reconozco y reproduzco aquí la belleza de la frase de Raul), el futbol se tenga que salvar de ello. ¿Porque es sólo un juego? ¿Porque es sólo un deporte? Si es el caso, el razonamiento me parece tan triste y güango como el que se escucha dentro de la cancha: “si te pegan aguántate, en la que sigue te desquitas”.

Creo que sería suficiente para desterrar cualquier posibilidad de trampa en la cancha, la influencia cultural que el futbol cual monstruo mediático tiene en nuestras sociedades (occidentales y orientales). Me parece que la FIFA lo sabe. Es consciente de su rol social, su peso político y económico, de su poder, de todo lo que está en juego. Y tal vez por eso, poco a poco han ido cambiando las reglas del juego. Desde la incorporación del penal en los albores, hasta el spray que pinta la raya para que no se mueva la barrera, pasando por el “Fair play” y por las tarjetas de amonestación y expulsión que se incorporaron en el mundial del 70 (como olvidar a los salvadoreños que inconformes ante la nueva regla, pedían al arbitro que los apuntara a todos como “amonestados” quién sabe por qué razón). Incluso se ha aceptado más o menos con generalidad en las federaciones la utilización del video pasado el partido para sancionar faltas que no se vieron en el momento. La FIFA lo sabe y como dice Javier, “es cuestión de tiempo y de la exigencia misma de la industria del futbol”. Nomás que la lentitud desespera. En fin. Me parece que la ética del futbol, como todo juego, contiene la equidad entre los contendientes como aspiración. Por eso hay árbitro y reglas, y por lo mismito, el no utilizar todo lo que esté a la mano para lograr esa aspiración es incongruente, anacrónico, inexplicable e insostenible… como todo lo conservador.

Eso en cuanto a lo de la tecnologización de la mirada arbitral. Quiero decir algo urgente con respecto a lo que el buen Vic escribe atrasito mío.

Primero. Yo no me di cuenta de la falta previa sobre Huiqui. Traía unos mezcales encima y los gritos de indignación de Luis en el oído. Como dices, eso cambia todo. Siempre he admirado tu anticlimática sensatez a prueba de dramas. Esta es otra demostración.

Segundo. Llevar esta polémica hacia la elucubración de nuestros orígenes humanos (los mexicanos no son míos) no me parece ningún exceso. El espacio donde se puede reflexionar y discutir y compartir y reflejarse sobre ello es lo cotidiano. Los juegos que la humanidad inventa son reflejos de si misma. Voy más lejos. Toda mi vida jugué futbol y estoy convencido que nadie en la cancha se comporta distinto de lo que es fuera de ella. Es como un espejo. Por lo mismo, el juego como tal y todas sus implicaciones, como resultado de una invención colectiva, son un referente de lo que somos. Ni más ni menos. Yo como tú, sólo quiero divertirme, pero no es así cuando entras a una cancha, ahí, a casi todos les importa “ganar y competir” y eso para mí, lo complejiza todo. No digo que sea bueno ni malo, sólo complejo. Hay que ser muy zen para divertirse pese a todo lo que conlleva un simple partido de futbol. Un juego que termina en bronca, un escupitajo en la cara, una patada por detrás, un compañero que se molesta contigo por no tocarle la bola, una derrota que hace llorar a la porra, un árbitro que quiere dinero, un país que deposita su orgullo en un resultado…

Tercero. Sólo contesto. Yo, en los zapatos de Henry y los de Huiqui, (con todo y lo sacrosanto que te parezca) me paro y le digo al árbitro que metí la manota, por instinto, por reflejo, pero me paro y se lo digo. Henry perdió la oportunidad de convertirse en un héroe posmoderno, como lo hizo en 1967 Omar Lorenzo Devanni que en la final de su club Santa Fé contra Millonarios de Bogotá, en el minuto 88, con el marcador empatado, tropezó en el área rival y el árbitro marco penal. Se levantó, pidió cobrarlo y pateó la pelota lejos de la portería en honor de una extravagancia también conocida como justicia. ¿Por qué no puede ser así?

Qué divertido está esto… ya me voy.

Ahora organicemos una cascarita ¿no?

Yeyo.

La mano negra del chao al Morelia

miércoles, diciembre 9 Etiquetas: 1 comentarios

Leo con júbilo el vuelo futbolero que ha cobrado este blog, ya superada —hasta el momento— la inquietud de algunos sobre el devenir amoroso y generacional de quienes hemos soltados alguna palabrilla para externar nuestra opinión sobre el asunto. Lo del futbol me parece pertinente, pues, dada la polémica en la que ha estado inmiscuido el equipo de la ciudad. Poco que añadir por parte de este escribidor, dadas las certeras opiniones de quienes apoyan una u otra postura en torno a la presunta puñalada trapera que acabó con las aspiraciones del llamado equipo Monarcas.

Sin embargo, quiero hacer un señalamiento de entrada: no hay que olvidar, queridos amigos, que la jugada de marras es precedida de una falta sobre el monstro Huiqui, según la señaló el hombre de negro. Será motivo de otra discusión, pero el asunto es que el juez principal decretó la falta porque así la “vio” él, más allá de que esté en lo correcto o no. Por tanto, en este tenor la manota negra ya no contaba, según mi modesta apreciación.

Concuerdo totalmente con Angie y con Javier Salinas. Por un lado, respecto a la falibilidad de los señores árbitros y a que eso es parte del juego. Humanos somos. Y claro, advertir que muchos de ellos son unos auténticos burros que se dejan llevar por su ego y poco por la mesura y la atención a las circunstancias del juego. Por otra parte, soy de los que no le gusta hacerle al Tío Lolo (soy consciente de que uso esta figura sin saber en absoluto quién es este fulandraco, pero seguro estoy de que todos me entienden) y creo que la eliminación tiene que ver más con la ineficacia para definir el partido por parte del Morelia que a los sospechosismos de fraude y otros complós. En este sentido, se confirma mi queja latente de los últimos años en contra de los Monarca: es un equipo mediocre, sobrevalorado. Pero esa es otra historia.

Cuando se habla de “injusticias” o desaguisados hablamos entonces de un hecho “inconveniente, contrario a razón”, según reza el diccionario. Y eso, me parece, es darle más valor de lo que merece a este hecho, por no hablar del deporte que en muchos casos es inconveniente de muchas maneras (por su desmedida comercialización) y contrario a la razón (el horripilante fanatismo). Y hablar de “modernizar” con base en la tecnologización me parece digno de un congreso (por cierto, nadie da pormenores acerca de esta propuesta). Más aún: llevar esta polémica hacia la elucubración respecto de nuestros orígenes humanos y mexicanos, e incluso verlo como parte del destino manifiesto del ser nacional, creo que es francamente un exceso. Hablar, insisto, de que lo que pasó con el Pocahontas tenochca es sinónimo de las “faltas, tranzas y delitos” que pueblan nuestra cultura y que en estas circunstancias “siempre hay recovecos legales para que, lo que vimos, no tenga fuerza jurídica ni condenatoria”, me parece, si no absurdo, sí al menos terrible. Me da miedo. Yo sólo quiero divertirme.

Además, preguntó a quien quiera contestar: ustedes, en el lugar de Henry o Huiqui, ¿qué hubieran hecho? ¿Su sacrosanta conciencia o convicción política les hubiera salvado de cometer una falta? El que esté libre de culpa, que dé el primer balonazo. No voy a entrar en el tema de si lo que los personajes ya referidos hicieron fue involuntario o no, o fue una simple reacción —no por eso menos grosera— surgida acaso de nuestra inefable capacidad de supervivencia, de ese instinto natural que nos convierte cotidianamente en los seres complejos, incompletos y calamitosos que somos. Somos árbitros de nuestro propio juego en la vida. Para concluir: yo simplemente creo que fue un error de marcación del árbitro, y me declaro incompetente para afirmar que haber marcado otra cosa hubiera dado un giro distinto a la historia.

Con este tipo de polémicas, poco nos queda para convertirnos en apóstatas de nuestra idiosincrasia.

En lo que sí creo es que la FIFA y las federaciones millonarias que nos alienan con ese espectáculo de patadas y mentadas deberían de invertir más en uno o dos árbitros más para apoyar la labor del nazareno y sus dos auxiliares. Así sin más, sin chips ni repeticiones de por medio.

Les saludo a todas y todos, y confieso sin pudor que voy con la Máquina.

Víctor

Sin pretextos

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No es que me negara a aparecer en este blog, simplemente había preferido disfrutar de sus textos, pero que mi nombre ha aparecido, no tengo más opción que salir en mi defensa.

Contrario alo que pueden estar creyendo, mi postura respecto a las cámaras y repetición se mantiene firme. Y no es que me niegue a la evolución, simplemente tengo la maldita costumbre de creer en la gente, y aunque es romántico, lo sé, y casi imposible, esperaría un desarrollo en el arbitraje, gente mejor preparada, con más criterio. ¿O es que nos hemos dado por vencidos y creemos que es preferible confiar en una máquina que en el hombre?. Ni la mano de Henry, mucho menos la de Huiqui me hará cambiar de opinión, tampoco dejaré de creer en el futbol. Como tampoco he dejado de creer en el amor, a pesar de las muchas decepciones y las malas jugadas. Y a propósito de amor..... mejor lo dejamos para después.

Angie

La mano de Huiqui

martes, diciembre 8 Etiquetas: 4 comentarios




Se me quedó grabada una imagen del partido pasado: un aficionado del Morelia gritaba al entrar al estadio Azul: ¡Ya le robaron al Puebla, a nosotros no nos van a robaar! … y tómala, que les roban. Así nomás. Huiqui, tirado en el área chica le arrebata con la mano el balón a Tiago que abanica hacia la portería. Penal cantado, suicidio, instinto. Su peor escenario: que le marcaran penal, que por ese penal perdieran el partido y que la afición cruzazulina le recordara por siempre como el baboso que cometió aquel penal. Su mejor escenario, que un rayo de luz divina sobre el estadio provocara un milagro y dejara ciego momentáneamente al arbitro. Gracias a dios (como dicen los jugadores en las entrevistas) eso fue lo que pasó.

Me acordé de la mano de Henry. De las discusiones posteriores en la Enramada y de mi amada Angie argumentando que la falibilidad del arbitraje era parte esencial del juego. Me imaginé una rueda de la fortuna.


Dos horas después del partido me llegó un mensaje de mi amada Angie que decía: Tengo el corazón hecho cachitos. Me acordé de la mano de Henry, de la falibilidad del arbitraje como parte esencial del juego y de la rueda de la fortuna.

Me hubiera gustado decirle al que gritaba que no los iban a robar: Señor, disculpe, o es usted dios o es usted un pendejo…

Yeyo.

P.D. ¿"Enramada" está mal escrito? ¿No debería ser "Enrramada"?

Besos.

"ahí le pasan de uno...en la siguiente por favor..."

lunes, diciembre 7 Etiquetas: 2 comentarios

Tengo aproximadamente un par de años que uso con frecuencia el transporte público de esta ciudad, pero aún no me sé ni la mitad de las rutas de los colectivos multicromáticos que recorren nuestras calles -existe incluso una ruta negra-, y mucho menos el destino que llevan los camiones con excepción del famoso Ruta uno. Es curioso que sigamos llamando "combis" a los colectivos cuando en la actualidad este tipo de vehículos de la marca VW son los menos, pero para fines prácticos, en este texto así me referiré a este tipo de transporte.

Cualquiera que no se suba con regularidad a las combis y tenga que tomar una en la avenida Madero va a enfrentarse inmediatamente con un problema: aunque en su mayoría todas son rojas, la variedad de números y letras está para enloquecer al más cuerdo, porque además van mezcladitas, de tal suerte que puede uno encontrarse la 4A, 3M (¿3M? carajo!!), 1A,B,C y creo que hasta la D, por poner algunos ejemplos. Al parecer todas pasan por el centro pero se van desparramando a lo largo de la antigua Calle Real y ninguna llega hasta los cruceros, ya sea el de la salida a Quiroga o el de Mil Cumbres.

Recuerdo las primeras veces que abordé una combi; me llamaba la atención que siempre las personas se amontonaban al fondo de ésta aunque fueran apretadas e incómodas, pero el asiento que se sitúa por detrás del chofer siempre estaba vacío, y claro, ahí me sentaba. Ya al mes de ser un usuario frecuente me di cuenta que el que se apoltrona ahí tiene la obligación -sí, es como una maldita obligación- de entregarle "la de a cinco" al conductor; la mayoría te lo pide muy amablemente pero nunca falta el que nomás estira la manita haciéndote saber con señas que le pagues SU pasaje al chofer.

Ya una vez dentro de la combi hay de todo; los chavos que ni fu ni fa (¿serán "los ni-nis" de los que tanto se habla?) y que traen puestos los audífonos de sus teléfonos y se retraen de todo y todos hasta que les toca bajar, la señora que regresa del mercado y que le pone un aroma especial al ambiente con las cebollas y el cilantro, la chava guapa que furtivamente todos los caballeros miramos, el señor regordete de lentes, la mamá con sus dos vástagos, en fin.

Después de unos diez minutos de recorrido empieza lo bueno; ya no hay asientos disponibles y el chafirete no cesa de parar en donde sea para subir pasaje, en menos de lo que se da uno cuenta ya tiene casi encima a algún usuario que va encorvado quebrándose la columna vertebral, y si es una mujer, yo al menos me incomodo bastante. Mi incomodidad nace de una lucha personal, es decir, fui educado en una casa donde el único hombre era yo, así que me atiborraron de "caballerismos" y uno de ellos es cederle el asiento a una mujer, sin embargo creo en la equidad de género y que sólo se deja el asiento en ocasiones muy particulares (a ancianos, discapacitados, mujeres embarazadas y personas que carguen un bebé por ejemplo). Eso por un lado, pero en mi caso, que sufrí fractura de rodilla hace meses, me resulta un tormento viajar en esas contorsiones, digo, condiciones. Además esa incomodidad es también porque las demás mujeres que van dentro de la combi empiezan a mirar con insistencia a los "machines" que vamos ahí, alguna incluso dirá: "ya no hay caballeros como antes" y ni modo de explicar todo lo anterior, así que nomás hago como que me hablan afuera (maldito yo...tengo el valor o me vale, diría el slogan de Azcárraga)

Por ahora no recuerdo qué más cosas suceden, pero si la luz de la memoria llega completo este texto, o si alguien ha padecido el transporte público, favor de compartirlo, por lo pronto me seguiré subiendo a las combis, y mientras viaje pensaré en Iggy Pop : "I am the passenger and I ride and I ride, I ride through the city's backsides..."

Ahh! y sí comeré en la benemérita Enramada, un abrazo.

Delirio Crónico

A los treinta (Y.)

miércoles, diciembre 2 Etiquetas: 10 comentarios


Esto lo escribí hace ya tiempo y seguramente alguno de ustedes ya lo ha leído, pero creo que no es una mala idea iniciar mi intervención al Club Sunday Blogdy Sunday con este texto.

Carmen Villoro describe en un poema las causas por las cuales uno tiene novio a los seis, a los diez, a los catorce y a los diecisiete, y nos recuerda con una nostalgia, de la cual es difícil huir, los porqué de los enamoramientos de la infancia y la adolescencia. En su poema dice que a los treinta uno ya no tiene novio, que quizá tengamos otras cosas y, entonces, pienso en las razones (ya no en las causas) por las cuales uno ya no se enamora de aquélla manera.

Los causes a los treinta son muy distintos a los de los años anteriores. Cuando uno es más joven no se cuestiona si es conveniente o no enamorarse, si aquel del cual nos enamoramos es convincente. Nos desbocamos en el montón de emociones que se van apareciendo casi con el deletreo de las palabras que dice el otro. Un “te amo”, por ejemplo, puede tener infinitas inflexiones y somos propensas a interpretarlas todas, la mayoría de las veces con la intervención de las amigas, que están dispuestas a acompañarnos en larguísimas conversaciones telefónicas en las que podemos leer hasta 10 veces el recado que nos han dejado al partir.

Antes de los treintas, nos detenemos en la manera en como el otro camina, en su forma de vestir, en su círculo de amigos, en las canciones que escucha, en sus planes (que difícilmente son pensados para compartirlos), en su bebida favorita, en el libro que le marcó, en el auto que quisiera tener, en la universidad en la cual le gustaría hacer un posgrado, en los viajes que se ha propuesto, en todo aquello que para el otro es importante. Entonces, uno, casi siempre es secundario. La mirada está en el otro.

A los treinta, luego de múltiples inicios e, inevitables, rupturas; de despedidas, sueños rotos e interminables noches en que la cama se vuelve hoyo negro que lo absorbe todo; de decepciones, de engaños, de culpas, de errores, de aprendizajes, de cosas que quisiéramos borrar de un rayón, uno ya no devanea. Es más, uno se enconcha, se protege, se cuida y, finalmente, se ama. Y lo que pasa es que cuando uno tiene treinta, uno sabe que por principio sólo se tiene a sí mismo.

Poemas de Margarito Ledesma

martes, noviembre 24 Etiquetas: 0 comentarios

Amigos míos, ahí les dejo estas joyas: poemas que no son poemas pero que quieren tanto el serlo que terminan siéndolo. Nosotros nos escapamos estos días a la playa, no claudiquen. Nos comunicamos a la vuelta. Un abrazo.

Yeyo.












Is there anybody at home?

jueves, noviembre 19 Etiquetas: 2 comentarios

Llegué. Toqué la puerta. Nadie contestó. Opté por entrar. Todo vacío. El eco era la única respuesta. Luego dicen que soy neuras, que se debe dejar a su paso esto del blog y blablabla. De acuerdo.

No sé si alguien leerá esto. No sé si la sesión ordinaria en La Enramada se llevará a cabo ni si acaso importe que lo diga: ahí estaré para comer. Se apunta quien quiera. Ya con esta me despido del blog. Bye.

HOMENAJE AL CET

domingo, noviembre 15 Etiquetas: 2 comentarios

Por la presente, amiguitos, quiero hacerles una invitación. Se trata del Cet, también conocido como Net, Nexces, Nezahualpóyotl y varias acepciones más. ¿Quién no se ha quedado "trancido" de sorpresa con sus aforismos, soltados al azar, como si se le cayeran cual frutas maduras?


Con Ogarrio, quien considera a nuestro cachalote un filósofo del instante, hemos pensado en hacer una recopilación de sus (repito) aforismos, puntadas, jaladas o lo que quieran. Algunos de esos desvaríos son como para ruborizar al más alburareo, por ello recomiendo no contribuir a esta sumatoria cetacea con semejantes barbaridades (festejables en privado). Ayer le escuché uno que me dejó atónito. Es impublicable.

Recuerden que incluso La Jornada puso uno de sus gritos (éste no fue aforismo) en primera plana. Fue cuando Sabina nos visitó, se fue la luz, el español pidió unos momentos para volver a la tocada y ¿qué dijo el Cet con su nada modulada voz? Se los recuerdo: "¡Si te he esperado toda la vida... te puedo esperar unos minutos!" Tal exclamación fue de primer plana. Nomás.

O sea... que si les interesa, pongan aquí los que recuerden... y si el mismo Net quiere poner algunos (él dice que sus palabras no son para la escritura... muy socrático el mamuca) será bienvenido. Ogarrio trajo a la memoria uno estando en Las Rosas. Se lo dijo a una chava: "Ya salte de mis sueños y métete en mi cama". No estoy 100% que sea manufactura cetacea, pero pos es como si sí.

Pongan los que recuerden. Un homenaje al Cet.

Raus

SOBRE EL DISEÑO DEL BLOG

jueves, noviembre 12 Etiquetas: 3 comentarios

Amiguitos:


Como saben (o al menos lo han visto aquéllos que se metieron al blog) el diseño cambió. Eso se debe a una oferta de Ross para hacerlo más ágil. El resultado preeliminar es lo que hasta hoy han visto. Está en proceso pues. Se puede mejorar pues.

Personalmente opino (¿se puede opinar de una manera que no sea "personal"? -me pregunto todo intrigado) que el formato inicial era... mmh.. cómo decirlo... un vil chorizo (suspicaces, absténganse) que daba hueva seguir en los enlaces que resultaban interesantes. Un ejemplo: quise presumir el texto del Cet sobre el amor y bueno, no digo que demoré horas en encontrarlo, pero sí un buen rato.

Con el formato propuesto por Ross (con ajustes que está dispuesta a hacer si las masas lo permiten) resultaba fácil: un click en su nombre y ¡zas! ahí estaba el famoso texto (campeón en comentarios, por cierto).

La eventualidad de volver al anterior por (eventuales) dificultades en el manejo del actual formato me parece que sería un retroceso. Afinar el actual me parece lo mejor: en la facilidad de acceder a los comentarios y esas cosas. Es cuestión de mandar un mail con instrucciones para quienes esto del manejo cibernético es una forma de tortura con tehuacanazo incluido (y soy parte de esa grey) y con ello nos iremos felices a participar.

Me llegaron rumores de una cierta incomodidad en el manejo de este formato. Supongo que su pertinencia o no pertinencia es cosa resolverla acudiendo al expediente democrático sin darle cabida al mayoriteo en las Cámaras. A mi me parece que, con ajustes e instrucciones, es mejor adecuar formas novedosas que volver al anterior chorizo... pero pos es cosa de que opinen.

Nos vemos mañana en La Enramada. El Gus y yo iremos a comer desde temprano... digamos que a las 15:30:12 horas estaremos ahí para empezar a echarle porras por su nueva obra: "Narrar el instante".

De ahí nos vamos a la Casa de la Cultura y de ahí... que sea lo que Dios, en su infinita sabiduría, disponga de sus ovejas descarriadas.

Los quiero mil... no cambien.

Raus